Cuarenta días otra vez…

Las calles empiezan a cobrar otro sentido al transitarlas, quizá porque cada uno de nuestros empedrados nos recuerde la vía de la cruz, el largo y quejumbroso camino que Jesús recorrió para que ustedes y yo nos pudiéramos salvar.

Antigua se postra a los pies de su Rey y Señor, las jacarandas revisten de purpura, quizá para ofrecer sus flores a paso de los nazarenos, talvez para recordarnos que ha llegado el tiempo de la penitencia y del triunfal resucitar con Cristo. Un cielo nuboso, nos recordara el Viernes Santo que Cristo ha muerto, y entonces la ciudad revestirá de negros crespones y el hombre sentirá el dolor en su corazón de la ausencia temporal de su Señor.

Cuarenta días otra vez…

La Cuaresma es todo un camino de cuarenta días hasta la Pascua, y en este camino, la Iglesia nos estará recordando constantemente la necesidad de purificamos, la necesidad de limpiar nuestro corazón, la necesidad de quitar de nuestro corazón todo aquello que lo aparte de Dios Nuestro Señor. Que tremendo problema es estar conviviendo con una dificultad en el corazón y tenerla perfectamente tapada para no verla. Es una inquietud que sin embargo los invito a considerar a través de la Cuaresma. Durante estos cuarenta días, cuando leemos el Evangelio de cada día o cuando vayamos a Misa los domingos, nos daremos cuenta de cómo la Biblia está constantemente insistiendo sobre este tema: “Purificar el corazón, examinar el alma, acercarse a Dios, estar más pegado a Él. Todo esto, en el fondo, es darse cuenta de quién es Dios y quienes somos nosotros.

Hagamos de esta Cuaresma una especie de viaje a nuestro corazón para irnos encontrando con nosotros mismos, para irnos descubriendo nosotros mismos, para ir depositando esa ceniza espiritual sobre nuestro corazón de manera que
con ella vayamos nosotros cubriéndonos interiormente y podamos ver qué es lo que nos aparta de Dios.

La ceniza que nos habla de la caducidad, que nos habla de que todo se acaba, nos enseña a dar valor auténtico a las cosas. Cuando uno empieza a carecer de algunas cosas, empieza a valorar lo que son los amigos, loquees la familia, lo que significa la cercanía de alguien que nos quiere.

Recorramos así el camino de nuestra Cuaresma, en nuestra benemérita ciudad, en nuestro ambiente, en nuestra familia, en nuestra sociedad, en nuestro trabajo, en nuestras conversaciones. Disfrutemos de las procesiones y las alfombras, del colorido popular, pero buscando en el interior para que en todo momento podamos encontrarnos en el corazón, no con nosotros mismos, porque seda una especie de egoísmo personal, sino con Nuestro Padre Dios; con Aquél que nos ama en el corazón, en lo más intimo, en lo más profundo de nosotros.

Que el bajar al corazón en esta Cuaresma , sea el inicio de un camino que todos nosotros, antigueños y antigueñas, visitantes propios y extranjeros hagamos, no solamente en este tiempo, sino todos los días de nuestra vida para irnos encontrando cada día con el Único que da explicación a todo. Que la Eucaristía sea para nosotros ayuda, fortaleza, luz, consuelo porque posiblemente cuando entremos en nuestro corazón, vamos a encontrar cosas que no nos gusten y podríamos desanimarnos.

Que nuestra Antigua bendita, que la ciudad de hombres y mujeres ilustres, se sumerja en esta Cuaresma y Semana Santa en Jesucristo Nuestro Único Rey y Señor, Nuestro Salvador nos permita vivir con Él la agonía de su pasión, pero que nos conceda igualmente la gracia de resucitar triunfalmente a su diestra, derrotando al mundo y a la muerte.

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